Hola soy Francisca Rivas de Le Parc Institut y en este episodio quiero hablarte de tu herencia familiar.

Como siempre seguiremos las aventuras de nuestros protagonistas.

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En un día soleado de primavera Rocky, el pastor alemán de la casa, estaba recostado en el patio disfrutando de los rayos de sol que lo calentaban.

De repente Rocky oye el timbre de la puerta de la entrada, se pone a ladrar para avisar a su dueña Jessica de que alguien viene y se levanta corriendo para ver quién es.

Es la amiga de Jessica, Deborah que viene a verla para enseñarle el nuevo miembro de la familia.

Rocky siente un olor nuevo y ve en las manos de Deborah una bola de pelo de color marrón. Deborah se agacha y deposita con delicadeza a Brownie, el caniche de la familia.

Rocky se acerca lentamente para conocer a Brownie. Nunca había visto algo parecido y con mucha curiosidad le pregunta ¿tú que eres?

Brownie le contesta: —Yo soy un perro ¿y tú?

Rocky sigue diciendo: —Yo también soy un perro, pero ¿cómo podemos ser tan diferentes?

Se quedan pensando los dos en este hecho tan extraño. ¿Cómo puede ser que siendo dos perros puedan tener una forma, tamaño y color tan diferente?

Pero estas diferencias no impiden que se hagan amigos.

 

Pasan los años y los dos llegan a ser muy ancianos. Rocky el pastor alemán ya casi no puede andar, tiene displasia
-una enfermedad genética de los pastores alemanes- que hace que no pueda mover las patas traseras porque le produce mucho dolor.

En cuanto a Brownie, ya se desplaza con mucho cuidado para no tropezar porque tiene atrofia progresiva de retina
-la enfermedad típica de los caniches- que los vuelve casi ciegos.

 

De la misma manera que los animales tienen tendencias hereditarias, también las tienen los humanos, cada rama familiar tiene su herencia y particularidades.

En una rama familiar cada miembro desarrollara colesterol a partir de los 40 años.

Los miembros de otra rama tienen tendencia a desarrollar cáncer.

Otra familia tendrá tendencias a padecer migrañas.

Como no podemos elegir donde nacemos, según nuestro nacimiento heredaremos una tendencia marcada de la cual sólo podemos escapar si cuidamos esa debilidad hereditaria antes de que los síntomas aparezcan.

Tenemos que tener en cuenta que, aunque no notemos nada, se desarrolla una actividad constante dentro de nuestro cuerpo. Esta actividad, que se puede descomponer en varios procesos, es la que nos mantiene con vida. Es muy importante mantenerla equilibrada y operativa lo más tiempo posible ya que es ella la que nos permite disfrutar de la vida.

Si cogemos el ejemplo de las migrañas. ¿Cuál es el precio que pagaremos si no cuidamos esta debilidad heredada? Cuando sufrimos un episodio migrañoso, lo primero que vamos a notar en un lado de la cabeza es, en un lado de la cabeza, un dolor de cabeza intenso. Según los casos tendremos sensibilidad a la luz y al ruido. Podemos llegar a sufrir náusea llegando incluso al vómito.

¿Cuál es el precio de no cuidarnos?

Primero es el sufrimiento que padecemos. Tenemos que permanecer acostados durante el tiempo necesario, aislándonos de nuestro entorno y concentrándonos en nosotros mismos para poder sobreponernos de este dolor tan intenso.

Este es el mejor de los casos ya que si tenemos nauseas o vómitos, cada episodio nos deja exhaustos y retrasa nuestra recuperación.

Evidentemente durante estos momentos de dolor no podemos desarrollar con normalidad nuestras actividades cotidianas tanto en el trabajo como el cuidado de nuestra familia.

Tampoco podemos disfrutar de las actividades que más nos gustan.

 

¿Vale la pena prestar atención a nuestra actividad interna, descubrir nuestro proceso más débil y tener en cuenta nuestra herencia?

Cada uno de nosotros lo tiene que valorar

 

 

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