Cuando escuchamos la palabra oxidación, la mayoría pensamos en un hierro oxidado, una bicicleta vieja o una pieza metálica cubierta de óxido.

Pero lo que pocas personas saben es que un proceso muy parecido ocurre dentro de nuestro cuerpo.

Todos los días.

Cada segundo.

Y aunque es completamente normal, cuando pierde el equilibrio puede convertirse en uno de los factores que más contribuyen al envejecimiento celular y al desarrollo de numerosas enfermedades.

Ese proceso recibe el nombre de estrés oxidativo.

 

¿Qué es el estrés oxidativo?

Para mantenerse vivo, tu organismo necesita producir energía de forma constante.

Cada vez que respiras, caminas, piensas o haces ejercicio, tus células utilizan oxígeno para fabricar esa energía.

Como consecuencia natural de este proceso se generan unas moléculas llamadas radicales libres.

Lejos de lo que muchas personas creen, los radicales libres no son malos por sí mismos.

De hecho, cumplen funciones muy importantes.

Participan en la respuesta inmunitaria, intervienen en la comunicación entre células y forman parte de numerosos procesos fisiológicos.

El problema aparece cuando comienzan a producirse en cantidades superiores a las que el organismo puede controlar.

Es entonces cuando aparece el estrés oxidativo.

 

Radicales libres: ¿Amigos o enemigos?

Imagina una chimenea.

Mientras el fuego está controlado, proporciona calor y resulta útil.

Pero si empieza a generar demasiado humo y nadie abre la salida

Toda la casa termina llenándose de humo.

Con los radicales libres ocurre exactamente lo mismo.

En cantidades normales son necesarios.

Cuando se acumulan en exceso, comienzan a dañar estructuras celulares importantes.

Entre ellas:

  • Las membranas celulares.
  • Las proteínas.
  • Los lípidos.
  • El ADN.

Ese daño acumulativo es lo que conocemos como estrés oxidativo.

 

¿Qué consecuencias puede tener el estrés oxidativo?

La investigación científica lleva décadas estudiando el papel del estrés oxidativo en el organismo.

Actualmente se sabe que puede estar relacionado con:

  • El envejecimiento celular.
  • El deterioro de diferentes tejidos.
  • La inflamación crónica de bajo grado.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Enfermedades neurodegenerativas.
  • Alteraciones metabólicas.

Esto no significa que el estrés oxidativo sea la única causa de estas enfermedades.

La salud depende de muchos factores.

Pero sí sabemos que mantener un equilibrio entre radicales libres y antioxidantes es fundamental para el correcto funcionamiento del organismo.

 

¿Qué aumenta el estrés oxidativo?

Aunque los radicales libres se producen de forma natural, determinados hábitos favorecen que aumenten por encima de lo deseable.

Entre los más importantes encontramos:

  • Dietas pobres en frutas y verduras.
  • Tabaquismo.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Contaminación ambiental.
  • Estrés emocional mantenido.
  • Falta de descanso.
  • Sedentarismo.
  • Ejercicio físico excesivamente intenso sin una adecuada recuperación.

La buena noticia es que muchos de estos factores pueden modificarse.

 

¿Cómo reducir el estrés oxidativo de forma natural?

Nuestro organismo dispone de un extraordinario sistema de defensa.

Los antioxidantes.

Estas sustancias ayudan a neutralizar parte del exceso de radicales libres y mantienen el equilibrio necesario para que las células funcionen correctamente.

Podemos favorecer este sistema mediante hábitos sencillos.

 

  • Dormir lo suficiente

Durante el descanso se activan numerosos procesos de reparación celular.

Dormir poco favorece el aumento del estrés oxidativo.

 

  • Consumir alimentos ricos en antioxidantes

Frutas, verduras, especias, frutos secos y muchas plantas medicinales aportan compuestos antioxidantes que ayudan a mantener el equilibrio celular.

 

  • Hacer ejercicio de forma moderada

El ejercicio regular fortalece los sistemas antioxidantes naturales.

Sin embargo, el sobreentrenamiento puede producir el efecto contrario.

 

  • Aprender a gestionar el estrés

El estrés psicológico mantenido también aumenta la producción de radicales libres.

Por eso cuidar la mente también significa cuidar las células.

 

  • Cuando la alimentación no es suficiente

En determinadas situaciones puede ser interesante complementar la dieta con un suplemento antioxidante formulado para apoyar las defensas naturales del organismo.

Siempre como complemento de unos hábitos saludables y nunca como sustituto de ellos.

 

La fisiología siempre busca el equilibrio.

En Fisiología Aplicada solemos decir que el organismo no necesita eliminar todos los radicales libres.

Los necesita.

Lo importante es que exista equilibrio.

Porque el problema no es que aparezca el fuego.

El problema es que nadie pueda apagarlo.

Y ahí es donde los antioxidantes desempeñan un papel fundamental.

 

Cuidar hoy tus células es cuidar tu salud de mañana.

La mayoría de los procesos relacionados con el envejecimiento no aparecen de un día para otro.

Se construyen lentamente, durante años.

Por eso la mejor estrategia no consiste únicamente en actuar cuando aparecen los síntomas.

Consiste en cuidar nuestras células antes de que el daño se acumule:

  • Dormir mejor.
  • Comer mejor.
  • Moverse más.
  • Gestionar el estrés.
  • Y aportar al organismo los nutrientes que necesita para mantener su equilibrio natural.

Porque la salud no consiste en apagar incendios cuando aparecen.

Consiste en evitar que el fuego empiece.

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